Estructura básica: Cargos principales y funciones.
Desde la edad media, la estructura de la monarquía inglesa se había mostrado muy superior a la de los reinos coetáneos, siendo en cambio la que en comparación le concedía al monarca un poder más limitado. Ese sistema monárquico estaba estructurado en dos núcleos que con el tiempo habían ido evolucionando internamente hasta perder la independencia que lo había caracterizado durante más de un siglo, y que sería reestablecida una década posterior a la llegada al trono de Enrique VIII. Uno de esos núcleos de poder establecido era la Casa real, y el otro se trataba de un Consejo que durante ya empezaba a sentar las bases para ser mantenido de forma permanente y regular. Un rasgo característico que determinó el desarrollo político de este reinado fue que la burocracia de estado dejó de ser prerrogativa de la nobleza, y de ese modo hombres eficientes se abrieron camino hacia cargos que anteriormente habían estado reservados para nobles que en la mayor parte de los casos no tenían ninguna capacidad para desenvolverse en las funciones que debían desempeñar. Por eso, una de las tácticas empleadas por Enrique VIII fue situar a esos hombres eficientes en posiciones clave, y disponer de los que requerían un menor peso político, pero otorgaban mayor rango, para depositar en las manos de la más alta nobleza, aquella con la que un soberano debía cumplir de manera continuada.
Ya entonces existía una administración central compuesta por una parte por la sede en el palacio de Westminster del Exchequer, que se encargaba de la política monetaria y el control de las finanzas, y por otra parte, por una compleja secretaría dividida en tres despachos principales, uno para cada sello (el sello, el sello privado, y el gran sello), despachos que a su vez estaban estructurados en diferentes departamentos burocráticos. A pesar de que desde el siglo XV se había instaurado en la monarquía inglesa el uso de la firma manual del monarca, fue de gran relevancia el uso de los sellos.